Miedo a los días lindos
Hasta las tres de la tarde con once minutos, el domingo 22 de mayo de 1960 podría haber sido recordado como un lindo día otoñal, sin precipitaciones, soleado, con una nubosidad del 57%, una temperatura máxima de 13°C y una mínima de 0,5°C.

En su momento, más en base a intuiciones que a los datos científicos, estas condiciones fueron consideradas anormales y sirvieron para instalar el mito de que habrían desencadenado el terremoto. Así, en el imaginario del sur de Chile se hizo habitual la advertencia de que un otoño seco y caluroso podía ser la antesala de movimientos telúricos. Sin embargo, además de que la propia data meteorológica desmiente la excepcionalidad que habría tenido mayo de 1960, la mejor comprobación del error de esta hipótesis fue que no se registraron temblores en los años venideros, a pesar de que sí se dieron condiciones de sequías y calor por sobre el promedio de 1960.