Apagar el fuego con dinamita
La ciudad de Castro, en Chiloé, resultó afectada en un 70% u 80%, según las fuentes que se consulten, siendo más evidente la destrucción en su sector céntrico, que comenzaba a mostrar un afán de modernidad con diversos edificios de estilo Bauhaus.

Allí, no solo fueron el terremoto y el tsunami los responsables de los daños, sino que también el fuego, originándose cerca de 30 incendios. Uno de los más graves se inició a los 15 minutos de sucedido el movimiento telúrico, producto del volcamiento de una cocina en la casa del juez letrado Domingo Yurac, ubicada en calle Thompson. Los bomberos debieron enfrentar esta y otras emergencias solo con baldes y escalas, ya que los grifos no tenían presión suficiente y su bomba Ford de los años 40 se encontraba en reparaciones, por fallas en su turbina y motor; llevaban un mes esperando los repuestos desde el continente.

El incendio consumió todas las casas de Thompson y también comprometió calle Blanco. La única solución que hubo para evitar su expansión fue dinamitar algunas casas ubicada en esta última calle. Claro que la calma no llegó para los bomberos de Castro, quienes, además de focos menores, debieron enfrentar otro siniestro de grandes proporciones en calle Irarrázabal, declarado a eso de las tres de la madrugada. Se cuenta que al tercer día la ciudad estaba envuelta por una gran capa de humo.